Sequías e inundaciones

Sequías e inundaciones: un sistema de previsión mundial

La NASA ha completado el desarrollo de un sistema que permite la creación de mapas especiales de la Tierra que, semanalmente, dan de un vistazo información sobre la humedad del suelo y el subsuelo poco profundo, y la presencia de agua a mayores profundidades. La información, obtenida a partir de los datos de los satélites GRACE-FO, complementada con parámetros recogidos en tierra y finalmente procesados, permite hacer previsiones a 30, 60 y 90 días sobre la evolución de la situación hídrica de un lugar determinado. Información similar ha estado en uso desde 2012 para los Estados Unidos, pero ahora el sistema se ha extendido a todo el planeta.

GRACE-FO: la medida de la gravedad en la Tierra

Sigue las sequías. “Incluso hoy en día todavía sabemos poco sobre las sequías que afectan a la Tierra”, explica el hidrólogo responsable del proyecto, Matt Rodell, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales (NASA): “normalmente una sequía es bien estudiada y contada cuando ocurre en zonas bien desarrolladas. Pero cuando ocurre en ciertas regiones de África o Asia, por ejemplo, puede que ni siquiera se detecte hasta que cause una crisis humanitaria. Por eso es importante tener un sistema de cartografía mundial específico para la seguridad del agua: nos pone en condiciones de vigilar la situación en todo el planeta y de detectar una sequía que está evolucionando o en curso, incluso si nadie la denuncia”.

Mapas mundiales de la aridez

Europa, febrero y agosto de 2017: mapas de agua en la superficie, el subsuelo y el nivel de aguas profundas. La imagen está tomada del video Global Maps of Dryness Help Prepare for Water Use Around Globe, en la página de YouTube de NASA Goddard. | NASA/JPL-Caltech

El grosor de los mapas. “Hoy podemos obtener una instantánea semanal de la humedad del suelo y del agua subterránea para tener una imagen completa de la situación del agua en el mundo”, añade Brian Wardlow, de la Universidad de Nebraska-Lincoln (EE.UU.). La vigilancia de la humedad del suelo es esencial para la planificación de los cultivos agrícolas nacionales y supranacionales, y para la previsión de los rendimientos, porque la humedad del suelo indica, en pocas palabras, la cantidad de agua inmediatamente disponible para las raíces de las plantas.

El agua de la Tierra es (casi) toda terrenal

Las aguas más profundas, en cambio, son las que se utilizan para el riego: disponer de información sobre su disponibilidad y variabilidad es esencial para mitigar las consecuencias de una sequía. La utilización de información procedente únicamente de fuentes terrestres, que en su mayoría proviene de la vigilancia de los pozos, no permite tener una visión general de la presencia de agua en el suelo y el subsuelo y, por lo tanto, no es útil para las proyecciones a medio y largo plazo.

Con el uso de los satélites, todo cambia. En la actualidad, los mapas se basan principalmente en los datos de los satélites del sistema de recuperación de la gravedad y seguimiento del experimento climático (GRACE-FO), de la NASA y del Centro Alemán de Investigación en Geociencias, que es capaz de detectar los movimientos del agua en la Tierra en función de las variaciones del campo gravitatorio.

¿Cómo sería la Tierra si nosotros… sacáramos el agua?

Las observaciones de los satélites se integran con otros datos dentro de un modelo informático que procesa el conjunto y devuelve mapas actuales y predictivos de la humedad a nivel del suelo, aproximadamente a 1 metro por debajo de la superficie (es el agua disponible para las raíces) y para las aguas subterráneas poco profundas. A nivel planetario los mapas tienen una resolución de unos 13 kilómetros.

Agua: ¡qué difícil es limpiarla!

Aguas profundas. Cualquiera que sea su intensidad, las sequías siempre son muy difíciles de manejar porque la humedad del suelo cambia muy rápidamente con las condiciones meteorológicas, mientras que la humedad en la zona de las raíces (la que se encuentra a aproximadamente un metro de profundidad) cambia más lentamente pero sigue siendo muy sensible a los cambios climáticos. La variabilidad de las aguas subterráneas, por otra parte, se está quedando atrás de la situación “externa” porque es mucho menos sensible a los cambios climáticos: “pero son precisamente estos”, señala Matt Rodell, “los que deben mantenerse más bajo control para la evolución a largo plazo”. Es el agua subterránea la que, si falla, conduce a la sequía o, si es demasiado abundante, incluso a la inundación”.

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